Verano del 42, de Eduardo Galeano
Hace años, en Kiev, me contaron por qué los jugadores del DÃnamo habÃan merecido una estatua.
Me contaron una historia de los años de la guerra.
Ucrania ocupada por los nazis. Los alemanes organizan un partido de fútbol. La selección nacional de sus fuerzas armadas contra el DÃnamo de Kiev, formado por obreros de la fábrica de paños: los superhombres contra los muertos de hambre.
El estadio está repleto. Las tribunas se encogen, silenciosas, cuando el ejército vencedor mete el primer gol de la tarde; se encienden cuando el DÃnamo empata; estallan cuando el primer tiempo termina con los alemanes perdiendo 2 a 1.
El comandante de las tropas de ocupación envÃa a su asistente a los vestuarios. Los jugadores del DÃnamo escuchan la advertencia:
– Nuestro equipo nunca fue vencido en territorios ocupados.
Y la amenaza:
– Si ganan, los fusilamos.
Los jugadores vuelven al campo.
A los pocos minutos, tercer gol del DÃnamo. El público sigue el juego de pie y en un solo y largo grito. Cuarto gol y el estadio se viene abajo.
Súbitamente, antes de hora, el juez da por terminado el partido.
Los fusilaron con los equipos puestos, en lo alto de un barranco.
Eduardo Galeano.
DÃas y noches de amor y guerra (1978)
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